23 mayo 2016

Recreación Histórica "Paz de la Alpujarra" 2016


Entre 1568 y 1571, durante el reinado de Felipe II, tuvo lugar la llamada Rebelión de las Alpujarras en la que los moriscos del antiguo y sometido Reino de Granada se alzaron en armas contra las abusivas leyes que se les había impuesto.

El Arzobispo de Granada, Pedro Guerrero, logró reunir en 1565 un Sínodo Provincial de los obispos del Reino de Granada en el que se decidió cambiar la política de persuasión, integradora, mantenida hasta entonces con los moriscos, por una de abierta represión con el fin de convertir a éstos, prohibiéndoles sus costumbres y tradiciones, en verdaderos cristianos. Se prohibirían su lengua, sus vestidos peculiares, los baños y las ceremonias de culto junto con sus ritos, impidéndoles seguir sus preceptos coránicos. En definitiva, deberían aplicarse las prohibiciones acordadas en la Junta de 1526, en Granada, y que Carlos I había dejado en suspenso a cambio de 80.000 ducados que entregaron entonces los moriscos. Esta vez, el Rey era Felipe II, mucho más radical y corto de miras, y el 1 de enero de 1567 fue proclamada la Pragmática Sanción que pondría en efecto todas esas medidas, a pesar de las protestas de personajes tales como el Capitán General de Granada, Íñigo López de Mendoza y Mendoza o notables moriscos como Hernando el Habaquí y Juan Hernández Modafal que, hasta entonces, se había comportado como leales súbditos de la Corona.

Inmediatamente después de proclamada esta Sanción, los moriscos, ya muy molestos por sus condiciones de vida, comenzaron a preparar una revuelta desde el barrio del Albaicín, en Granada. En septiembre de 1568, proclamaron como Rey a Hernando de Córdoba y Valor, elegido por ser descendiente de los antiguos Califas de Córdoba. Por ello, tomó el nombre de Abén Humeya.
La rebelión se inició por fin la víspera de Navidad en la aldea de Béznar, en el Valle de Lecrín y pronto se unieron muchas otras comunidades de la Alpujarra, pero no los habitantes del Albaicín, con lo que la sublevación no triunfó en Granada, con fatales consecuencias a largo plazo, al quedar privados de una verdadera capital y su numerosa población morisca.


La primera fase de la revuelta, hasta marzo de 1568, fue la más salvaje de todas, por ambos bandos, y estuvo llena de excesos y venganzas en las que fueron destruidas iglesias y asesinados curas y religiosos mientras las tropas cristianas se lanzaban al pillaje, el asesinato y las violaciones por tratarse en su mayoría de milicias indisciplinadas. Militarmente, ningún bando consiguió gran cosa.

La segunda fase de la guerra abarcó de marzo de 1569 a enero de 1570 y estuvo dominada por los numerosos ataques de los moriscos, reforzados con nuevos rebeldes procedentes de otras regiones. Abén Humeya duró como rey hasta octubre, cuando fue asesinado en Laujar del Andarax por los suyos debido a sus muchos excesos, quedando Abén Aboo como cabecilla de la revuelta.

La tercera fase comenzó en enero de 1570, cuando Felipe II, harto de la poca efectividad del Marqués de Mondéjar para atajar el problema, lo destituyó como Capitán General y nombró a su medio hermano Juan de Austria como jefe de un ejército de 12.000 soldados profesionales traídos de Italia y el Levante para sustituir a la milicia local. A finales de abril, Don Juan de Austria entró en la Alpujarra e instaló su campamento en el campo de los Padules, donde se le unió otro ejército de 8.000 hombres al mando del Duque de Sessa, Gonzalo Fernández de Córdoba, tras cruzar la Alpujarra de este a oeste desde Granada. Frente a ellos, podía haber unos 25.000 rebeldes, incluyendo 4.000 turcos y berberiscos llegados del norte de África.

La cuarta fase de la guerra se extendió de abril de 1570 a la primavera de 1571 y en ella Don Juan de Austria entró a sangre y fuego en la Alpujarra, sin miramientos, destruyéndolo todo a su paso, aniquilando a los rebeldes y tomando prisioneros a los no combatientes. Inevitablemente, sus métodos expeditivos produjeron una fisura en la voluntad de lucha de los moriscos, y un gran parte de éstos se presentaron en mayo en Fondón de Andarax para negociar su rendición o para poder marcharse al norte de África. El líder del partido negociador, Hernando el Habaquí, no tardó en ser detenido y ajusticiado por orden de Abén Aboo, quien se desplazó entonces a la Serranía de Ronda con los últimos irreductibles. Finalmente, él mismo murió asesinado a manos de sus seguidores en una cueva de Bérchules cuando ya todo estaba perdido.



A partir del uno de noviembre de 1570, los moriscos empezaron a ser deportados hacia otros lugares de la Corona de Castilla, sobre todo para facilitar las operaciones militares, incluyendo a unos 20.000 moriscos habitantes de Granada que no se habían sublevado y a los que se conocía como "moriscos de paz". Debido a las penosas condiciones de la marcha, al menos uno de cada cinco moriscos murió en el camino.
La deportación provocó un gran vacío de población y produjo el hundimiento de la economía del Reino de Granada, ya que los moriscos eran su principal motor, el más productivo. Con ella, Granada perdió la mejor parte de su carácter.

El pueblo de Padules, en la Alpujarra almeriense, lleva ya cuatro años recreando las llamadas Paces de Padules, el acto de rendición que, en 1570, celebraron Don Juan de Austria y Hernando el Habaquí. Merece la pena visitar estas Jornadas de Recreación Histórica de un fin de semana de duración, que cada año suben el listón un poquito más. Todo el pueblo está volcado en su historia y es tremendamente hospitalario.



Este año puede visitar, por fin, la "IV Recreación de la Paz de las Alpujarras", y aquí dejo unas cuantas fotos de las que tomé.


Productos locales del Siglo XVI


Algunos recreacionistas, habitantes de Padules
Aben Aboo señalando a Hernando el Habaquí
Panoplia de armas y armaduras musulmanas
Arcabucero español de "Compañía Cristóbal de Mondragón y de Mercado"
"Ludus Gladiatorum Vulcanum" y "Compañía Anima Veritas"
"Cavallers d´Urrea i Dames de l´Alacaten"
Don Juan de Austria, a la izquierda
"Caballeros y Damas de la Orden de Calatrava"



Vista desde Padules en dirección a Almería
"Queixén Recreación Histórica"




Antonio Gutiérrez, alcalde de Padules y originador de esta iniciativa histórica



Las ocas, grandes protagonistas durante todo el día


Don Juan de Austria, esperando a recibir la rendición de los moriscos

Hernando el Habaquí, rindiéndose

El acto final, junto a la cruz que señala el emplazamiento original de la tienda de Don Juan de Austria
En resumen, unas Jornadas de Recreación Histórica impresionantes y muy recomendables de visitar.

4 comentarios:

  1. Toda una experiencia haber participado en esta recreación. Mi más sincera enhorabuena a los habitantes de Padules por su implicación en este acto y todo mi agradecimiento por como nos han tratado. El año que viene más y mejor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me sorprendió mucho la calidad de la Recreación y el empeño de, realmente, todo el pueblo. Espero repetir el año que viene.

      Eliminar
    2. Pues sí, eso es lo que más sorprende, como un pueblo tan pequeño perdido en la Alpujarra almeriense, se toma tan en serio un acto de recreación. Más de la mitad del pueblo toma parte activa de los preparativos y actividades que se llevan a cavo durante la recreación. Tienen muy claro que aquello no es un "baile de máscaras" y ponen una ilusión, seriedad y empeño dignos de elogio.

      Eliminar
    3. ¡Y que sigan así por mucho tiempo!

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...